Después del tiempo; los mixtecos-zapotecos decían que las tradiciones de un pueblo definen su historia y aquí en Xoxo existen un sin número de tradiciones que aunque han sobrevivido al tiempo, muchas han perdido el significado que las originaron…

Y llego el domingo… y es que los domingos no es simplemente el día de descanso, o de ir a misa -o de ver a Chábelo- a lo menos no en Xoxo. Los domingos en las mañanas están llenas de olor a hojaldras, tan esponjosas y olorosas, -como el amor y capricho que son de mi corazón- completadas con esa cubierta de mantequilla o nata.
Pero lo más tradicional creo yo (con conocimiento de causa) son los tamales de chichilo. —-Ha sí- ese manjar de dioses que es tamal, que es comida -o no sé qué chingaos es pero es-

Un júbilo a la cocina Oaxaqueña –sí señor-.

Pero esta vez quiero contar una historia, una historia de tamales de chichilo, de revolucionarios, de honor, de muerte… sobre todo muerte.
En aquella época el presidente Díaz dio la orden de cambiar la plata por billetes; una orden secreta, una orden que solo su gente de confianza tenia, el por qué nunca se supo…
Eran los años de los 1911, la revolución estaba ganando fuerza, pero la famosa división Oaxaca, -o lo que quedaba de ella- regresaba a sus lugares de origen, salpicados por todo Oaxaca.

Pero hoy quiero hablar en especial una pequeña fracción de esta legendaria división una tropa apodada “los brujos”; estos eran oriundos de un pueblo olvidado -por conveniencia de sus moradores- a un lado de la capital llamado Xoxocotlán.
A caballo 14 pelaos, de sombrero todos, exceptuando el quinto jinete que encabezaba aquella polvareda, este jinete “traiba” un rebozo, su nombre era “doña Irene”.

Ha, sí mis niños todo un personaje de la mentada “rebola” toda una “doña” (el doña ganado como soldadera a punta de balazos).

Lo que la hacía famosa a esta “Doña” no eran los pelados que “traiba en su conciencia”, tampoco él porque era la jefa de los mentados “brujos”. Esta señora era la única que cocinaba para el presidente Díaz.

En batalla, el presidente Díaz solo comía el plato que doña Irene le daba.

Aquella figura femenina que en la espalda se asomaba el cañón de una 30-30, en el cinto una pistola y artas balas, cabalgaba al frente de los últimos integrantes de aquella división veteranos de guerras sin contar. 15 almas que regresaban con una encomienda, del mismísimo presidente, del mismísimo Díaz, cada jinete traía un montón de billetes; papel moneda que por mucho tiempo, se intercambiaba plata en monedas, la cual aquí en Oaxaca se depositaba en las cuevas subterráneas de la ciudad.

Pero el cargamento que venía de Xoxocotlán, el cargamento de doña Irene; jamás llegó, ni a Santo Domingo ni a Soledad.

La confianza de Díaz era absoluta en “doña Irene” o es que tenía órdenes diferentes…esa respuesta está perdida en el tiempo.
Y paso que hubo una gran celebración de estos Xoxeños, celebración de mucho tiempo pues el 31 de Octubre; el día de todos los santos es cosa seria en Xoxo, ese es en ese día donde los que se fueron son recordados y hasta invitados a compartir los placeres de los vivos.

Díaz había renunciado y marchaba a Veracruz para iniciar su exilio; cita que a también Irene incluyo; aquella nieta de aquel general que apodaban el alacrán -aquel general que peleo con el mismito papá de Díaz-  asistió aquella despedida donde Díaz le dio instrucciones precisas para esa plata, la plata de Xoxocotlán…

Ese Mayo que fue dictada la «orden de plata» pues así le llamaron a esa encomienda; Y el ultimo Noviembre que vieron juntos a los mentados «brujos»  coincidió con el último billete a cambiar.

Así que paso la voz a sus 14 paladines e incondicionales; antes saqueadores y ahora convertidos en héroes de la ultima reunión de estos caudillos.

Aquella noche del 31 de octubre justo en el centro del festejo, justo cuando la gente se marcha a los panteones, a recibir con júbilo a los que se fueron.

La cruz, el ombligo de Xoxo testigo mudo de grandes historias fue testigo de otra de tantas peripecias de este Xoxo milenario. Quince caballos cargados de monedas de plata adornaban su redonda.
“Doña Irene” esa noche hizo tamales, tamales de chichilo, una mesa adornada con mantel de manta, un florero en el centro y tres brujitas titilantes que con su luz danzarina alumbraba quince platos, en cada uno de ellos un tamal de chichilo y un pan; cada uno levanto el jarro de atole, y como ritual (vieja costumbre en la división Oaxaca) se intercambiaban los jarritos y los platos – por aquello de los envenenamientos – pues la cocinera traía fama de bruja y hierbera.

– Mis queridos hermanos, sangre e infortunio ha pasado por nuestras manos; nuestra tierra, Oaxaca y tal vez todo el país está a punto de vivir una de las luchas más sangrientas, ya no en contra de invasores…

Aquella sentencia propicio bullicio ante aquellos veteranos de la guerra con los franceses, quienes levantaron su jarrito de atole…

– si mis amigos, hermanos en contra de nuestros hermanos, raza contra su propia raza; una guerra que no es de esta país, tocara nuestra tierra con sangre; el presidente me dio instrucciones, de la plata y de la gente, él ha dicho que su deuda con esta tierra ha quedado saldada y les agradece el servicio. Ya no más sangre en sus manos hermanos, ya no más muerte ya no más balas.

Doña Irene con un gesto de mano invito al manjar diciendo

– ahí tienen su pan tarazón para aquel que tenga que solucionar sus pendientes…

Uno a uno fue devolviendo el pan Tarazón a la vez que decían en coro a doña Irene con una reverencia.

– por nuestros pecados!!! Por nuestra salvación…

Solo el lugar de “la doña” – como era su costumbre- quedo con pan “tarazón”, un pan, especie de “pelona” de sabor casi salado y con mucho migajón.
La sonrisa de alegría y triunfo nació en la cara dura de esos 14 hombres; Después de un brindis de triunfo –con atole claro- comenzó la tragazón…manjar nocturno que invitaba a chuparse los dedos, solo “Irene” completaba el festín con su pan “tarazón”.

Aquella noche rodeada por la briza suave fue el testigo de aquel episodio.
Los 14 jinetes fueron cayendo, uno a uno implacablemente fueron abrazando a la huesuda.

Pronto aquella mesa se rodeó de cadáveres. Doña Irene y aquella cruz, – el ombligo del pueblo – solo ellos quedaron en pie.

Aquella figura de respeto y matriarcado, jalo a los 14 caballos por las calles polvorosas de aquel pueblo llamado Xoxocotlán, poco a poco aquella figura se la trago la oscuridad y el silencio.

Aquella mesa, aquellos muertos, comenzó a llenarse de gente pues en la madrugada muchas personas regresaban a sus casas pasando por el ombligo del pueblo.
Y sucedió que tras la sospecha de borrachos tragones, los “topiles” se asombraban del hallazgo, uno a uno fueron volteados aquellas figuras confirmando la sospecha de muerte.

El veredicto del síndico fue inteligente: la cocinera confundió la levadura con veneno para hormigas, pues los dos polvos son parecidos.
Por muchos años “doña Irene” se ausento de Xoxo, su ausencia se notó porque la gente extrañaba sus tamales los domingos.

Hay quien dice que nunca se fue, que vivía por las pozas del Sidorito –con los duendes- pero la cosa es que era la tamalera más buscada por su sazón.

Pero esa sazón inconfundible y peculiar lo heredo a su hija, y de ella a su nieta, que seguían una tradición, de “Irenes” y de tamales.

Muy ricos los de chepil… los de dulce, pero la especialidad siempre fueron los de chichilo… por supuesto acompañados por un pan “tarazón”

El tiempo ha seguido su marcha por este viejo pueblo; y esas tradiciones se siguen pasando por costumbre de generación en generación. En la actualidad familias –viejas y nuevas- acompañan los tamales de mole y de chichilo con pan “tarazón” o “bolillo” y son el pretexto perfecto para una convivencia familiar.

Porfirio Díaz acompañaba su merienda con pan “tarazón”, tanto que cuando estuvo en Francia tenía un cocinero que los horneaba exclusivamente para él, Aquel viejo general sabía –por doña Irene- que el migajón de este pan era capaz de absorber cualquier veneno… y tenía razón.

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Comentarios

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Yo siempre pensé que la historia tenía varias versiones; si piensas al igual que yo que hay más de lo que parece y de lo que se dice; acompáñame y te contare un puñado de historias que me he topado en este loco mundo de la era de la información.
J.S.Pascual (Azeem)

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