la leyenda de los birgües

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Los birgües

Tome la resortera que tenía labrado un a cabeza de coyote en la punta, la monte en el resorte de mi pantalón y salí corriendo con los demás muchachos de la cuadra, y una voz detrás de mí hizo regresarme sobre mis pasos.

– Hey, Hey ¿a dónde? …chamaco.

– A cazar birgües coy, hoy comeremos birgües…

-El viejo sacó el bastón que siempre llevaba con él y con la punta suavemente y destreza se deslizó hacia mi cintura donde yo cargaba la resortera que muchas aventuras dio a mi infancia y a mi vida y se apropió de ella.

– No matarás a esos animalitos.

– ¿porque coy? Quien los manda a ser tan ricos.

-Te contaré una historia si prometes que esas piedras no tendrán ese destino funesto.

Lanzo un silbido al silencio y como ráfaga llegaron los dos perros de la casa que olfateando a cada uno de los chamacos de la comitiva movían la cola y la cabeza.

Comenzamos a caminar escoltados por aquel viejo lindo que vive dentro de mi corazón, recuerdo y en mi historia.

Caminando salimos por el poniente al camino conocido como el camino viejo de Monte Albán. Nos íbamos internando hacia las laderas de la montaña sagrada en donde en aquel entonces, sobraban los ciruelos repletos de aquellos bocados agridulces, motivo de la bolsa con sal con chile que colgaba de la cintura de cada uno de los mocosos que caminaban junto a mí estábamos a punto de oír unos de los relatos de aquel viejo sabio.

De vez en cuando lanzaba una piedra con las manos y de las huamucheras caían algodones dulces de aquellos árboles, mientras iba cosechando en el moral que siempre colgaba de su hombro.

Mi impaciencia salió de mi boca una vez más con la inpertinencia que siempre me ha caracterizado –yo sé, lo que opinan, pero siempre fue así- y que tantos “cocos” en la cabeza me gano.

-Cuéntame qué historia, qué leyenda me vas a contar…

– Te voy a contar la leyenda de los birgüelientos, los soldados del señor luna…

Hace mucho tiempo mi niño hubo una guerra entre los xoxeños y los Zapotecas de las tierras de Zaachila, y en aquellos entonces había un general, llamado thut “el nahual del murciélago” ese un gran guerrero, el curandero más grande y más sabio que ha visto esta tierra. Todo mundo le tenía respeto pues a pesar que era el más viejo del consejo del señor sol, era uno de los más poderosos, con su capa negra se deslizaba silenciosamente por las noches, guerrero de muchas batallas, invicto, majestuoso. Tenía un joven aprendiz, que siendo un muchacho aprendió muy bien el arte de la guerra, su nombre era luna, “el señor luna”, no tenía la compasividad de su maestro, pero su fiereza era legendaria tanto que fue nombrado muy joven a comandar el ejercito que custodiaba a los Zapotecos.

Él fue encomendado a darle fin a aquella guerra entre vecinos, su maestro y guía le otorgo la lealtad de su ejército guerreros acostumbrados a pelear de noche, los llamados “birgües dee ñaa” los guerreros que caminaban en la noche; su jerarquía y distintivo era un antifaz negro que escondía los ojos en la noche y el peto en el pecho era de algodón oscuro, las flechas y la lanza eran sus armas, en el cinto una honda de isle los hacia certeros con las piedras de rio, el tocado era amarillo otorgado por el señor sol en recompensa por su servicio al señorío.

Su fiereza y crueldad en batalla provoco la rendición de aquel enemigo en pocos días.

Cuenta la leyenda que en los convenios de rendición un gran tesoro, una princesa, y una reliquia fue entregada en prenda de paz.

Tres dones, tres dotes zapotecas; la más valiosa, fue escoltada por coyoatl, nahual del coyote y guardia personjal del señor sol, el gobernante de los antiguos. La reliquia fue entregada a thut el nahual de noche del murciélago, el maestro de la magia y de los muertos. Y el tesoro en oro y jade fue entregado al señor luna…general de los ejércitos nocturnos del murciélago.

Pero esa noche la avaricia lleno el corazón al señor luna quien se apodero del oro y jade zapoteca.

El maestro, el murciélago thut, herido en el corazón por la traición de su pupilo se enfrentó a él y al vencerlo fue encerrado en una prisión en las entrañas de la madre tierra.

Pero el ejército del señor luna permaneció firme a su promesa de lealtad y una guardia permanente fue montada alrededor de esta prisión, una guardia militar de día y de noche, mi niño.

El señor sol ordeno que no fueran entregados suministros a esos guerreros; Que acamparon y permanecieron por muchos años viviendo de las huamucheras del lugar.

Y así paso el tiempo, y estas dos razas se unieron y esa guerra sangrienta forjo un reino poderoso.

Un día el señor de los mixtecos y zapotecos residió un mensaje de los dioses, un mensaje para abandonar la ciudad sagrada, para que los ejércitos marcharan a los montes, so pena de muerte por desobediencia.

El señor de la noche, el maestro thut honro la lealtad de esos guerreros y los transformo en pájaros, conservando su rango les dejo el copete que los distinguía como guerreros, les dejo su antifaz para que vigilaran de noche, y en el pecho les dio el dorado del tesoro del señor luna.

Para que cumplieran los dos cometidos, que volaran a los cerros como el señor de los mixtecos zapotecas demandaba y para que de vez en vez vuelen de regreso y siguieran resguardando la prisión del señor sol.

Esos animalitos son esos guerreros que de vez en vez regresan a ver si su señor el gran señor luna se ha liberado de su prisión… y no sea que un día te regresen el piedrazo, pues cuando el señor luna sea liberado de su encierro sus guerreros volverán a hacer lo que eran…

También cuentan los viejos que en la noche vuelven a ser humanos y con los rayos del sol se trasforman en aves.

 

 

Esa tarde aquellos niños juramos en silencio jamás cazar birgüelientos más y desde esa época nuestra visión de esos animalitos cambio.

Por una extraña razón nos aficionamos a los algodones de huamúche pretextando las excursiones de siempre a estos lugares y por cierto estos algodoncillos son medicinales, “reguenas” pa´ la tifoidea y la calentura, pero esa es otra historia…

Ahora caminando por el mismo camino, viendo los pocos arboles de huamúche que quedan veo pasar la parvada de birgüelientos con su característico silbido y mi corazón se apachurra y se estruja ante los recuerdos que se agolpan en mi memoria y no me queda más que silbar para adentro, en señal de respeto a estas avecillas silvestres

 

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Yo siempre pensé que la historia tenía varias versiones; si piensas al igual que yo que hay más de lo que parece y de lo que se dice; acompáñame y te contare un puñado de historias que me he topado en este loco mundo de la era de la información.
J.S.Pascual (Azeem)

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