El señor del penacho purpura

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Que corran la voz y el saber por todo el reino,

Donde el penacho púrpura es señor y dueño de todo lo que es,
Queda escrito y mandado que cada viejo, mujer y niño sepa.
Que el señor de todo lo que es demanda tres tributos.

Un tributo de paz, una de  generosidad, y otro de alegría,
Para que los dioses no manden a sus nuevos “sabbie”

A probar el corazón de los hombres.
En el cerro nido de “Ñuu Vico”.

Se bailara y se ofrecerá tributo,

De la riqueza del corazón de cada pueblo,

Y así los dioses verán con buenos ojos el corazón del hombre

Y la era del señor del penacho rojo nunca terminara.
El caracol sonara en cada punta del cielo

Para que los dioses bendigan este tributo
Que cada viejo, mujer y niño conozca esta ley.

Busquen en el cielo el destino del pueblo;

 sangre contra sangre no es vista bien;

Sangre con sangre; nueva sangre fuerte y

La serpiente bajara a las tierras profundas

 Y cuando la tierra retumbe;

Una nueva raza, fuerte, poderosa nacerá.

Y los que se fueron han de regresar.

Y llego el día de fiesta y el reino de los antiguos y de los hijos nuevos se vistió de alegría una vez más como todos los años; y como todos los años este viejo cuentacuentos subía las interminables escaleras del cerro del fortín, pero este año de la mano de mis dos princesas.

– Y qué abuelo, hoy no habrá historia?
– Tu aliento lo roba el cansancio?
Vamos cuenta de la nube negra, del chaneque, de las bolas de fuego que no quema, del callejón del muerto…

Aquel orgullo xoxeño repuso mi aliento y me empujó a ser valiente.
– hoy en este día quiero hablar del tributo más grande de los antiguos, de la herencia de los viejos, del por qué nuestra raza vive una y otra vez con sangre nueva, de porque los dioses bendicen a esta tierra y a nuestra gente.

_ cuenta “ito”, cuenta, cuenta.

Hace mucho tiempo existió el que llaman el último señor, el señor del penacho púrpura. Un señor sabio y de gallardía sin par; en su mando había fieros guerreros y un poderoso reino que cada día se hacía más grande; sus vecinos y enemigos los mexicas  lo miraban con respeto y cuidado pues este reino el reino de los penachos grandes comenzaba a ser el más grande que la gente había visto.
Ahí se comenzó a contar este cuento; pero no es ahí donde comienza este asunto.

Hace mucho, mucho tiempo, cuando fue hecho el hombre por los dioses le dieron fuerza en sus piernas, en sus brazos, en su mente; pero el corazón los dioses lo hicieron silvestre, para que fueran buenos por decisión, no por obligación. Pero era cosa de lo mismo.
El hombre se manchaba con maldad y manchaba su corazón, Cada vez que el corazón del hombre se torcía, como quien poda la hierba mala los dioses,  desataban calamidades, diluvio, sequías, hacían monstruos, monstruos come hombres, como el gran ocelote, o como la nube negra, para que el hombre probara su valor y necesidad de protegerse unos con otros a esos tiempos de miedo y angustia los antiguos le decían “sabbie”.

– Sí mis niñas, así como se los cuento; los dioses hicieron muchas veces a los hombres, hasta que se les ocurrió poner su propia sangre en ese corazón, así sería fuerte y digno. De vez en vez, con cada acto no honorable esa sangre se va evaporando, y cuando esta se acaba; el hombre se hace ruin, deshonesto y poco digno de ser hijo de las divinidades.

El señor del penacho púrpura el señor de los mixtecos-zapotecos, el último gran señor, decreto tres ofrendas, para que a los hombres no se les olvidara el deber del hombre con su hermano de tierra; para que de esta manera ningún  hombre fuera probado por los dioses otra vez.

Este tributo; está fiesta llena desde entonces de alegría nuestros corazones.

Esta muestra de generosidad que nació por decreto señorial, se hizo costumbre, una buena costumbre de esta gente nueva.

Este decreto mis niñas, mandaba y sigue mandando que la desgracia y la alegría del hermano de tierra debe ser compartida, así pues en cada fiesta o desgracia la puerta de todo oaxaqueño debe ser adornada con la generosidad del vecino; como prueba inefable de que la sangre de los dioses vive aún en nuestro corazón y en nuestro pueblo; para que los dioses estén en paz con el hombre y a esa ley se le llamó “Guelaguetza”.

-entonces la Guelaguetza; ha sido desde entonces?

– mmm, pues si y no, la Guelaguetza así como la conocemos, no comenzó así, el tributo se entregaba cada ciclo, cada que el calendario mixteco-zapoteco  terminaba y comenzaba. Los señores mixtecos-zapotecos recibían un tributo en especie, para mantener el reino poderoso; cada época de cosecha los pueblos mandaban a sus representantes con parte de su riqueza a la ciudad sagrada para mantener a los ejércitos que cuidaban esta tierra y a los hombres que vivían ella pues en aquella época muchas guerras se veían en los reinos vecinos.

Pero llego un día mis niñas lindas en que el cielo hablo por los dioses; un “sabbie” se acercaba; una calamidad vendría y podaría la mala hierba. Los dioses mandarían un nuevo “sabbie” una calamidad para probar el corazón de los hombres; esta vez no en forma de animal o tempestad; esta vez en forma de hombre…

-Chispas “ito”, habría guerra?

-No, mi niña; esta vez la sangre del hombre era la  peligrosa; esa sangre era la nueva calamidad, una calamidad que venía de fuera;  muchos hombres perecerían; y hasta que esa sangre “fuerana” se mezclase con la nuestra sangre un nuevo reino nacería y los dioses harían retumbar la tierra para que la nueva raza vuelva a ser lo que era. Así está escrito en piedra y piel mis niñas.

El consejo deliberó por muchos días y se decidió resguardar el saber y la sangre pura y así fue como la ciudad sagrada fue abandonada y los ejércitos disueltos, el tributo que se entregaba cada ciclo se repartirían entre todos los pueblos en una celebración de abundancia y unión.

-Y que paso abuelo, donde se fueron?

-El señor de los mixtecos-zapotecos, el señor del penacho purpura; encomendó a su hijo el reino y él caminó hacia tierras altas y frías. A cada general del consejo se le encargo cuidase un trozo del reino y que esperara a que los que se fueron regresaran.

Tiempo después unos extraños llegaron a estas tierras y se produjo un mestizaje; hubo desolación y “mucha cosa mala” el tributo entre hermanos se dejó de dar.

Muchas maneras se olvidaron, cosas que hacían de este señorío poderoso y a su gente feliz y productiva.

La gente nueva no conocía su pasado y cuando un árbol no tiene raíces, la tempestad lo tumba, o a gente aprovechada hace leña de él.

Aquellas épocas transformó a la gente; muchas costumbres se olvidaron, y al paso del tiempo nuestra raza perdió su brillo y a veces hasta la sonrisa.

Y así como se los cuento mis niñas lindas, los dioses mandaron un nuevo “sabbie” uno que hizo temblar la tierra y muchas casas se cayeron en este Oaxaca nuevo, y hubo muchos muertos, la gente tenía miedo y andaba muy “ciscada”.

En aquel entonces –como siempre- el gobernador de Oaxaca tenía consejeros y consultó y uno de ellos sabía las artes del espíritu, de los cuentos y leyendas de los antiguos.

Aquel consejero  recordó aquellas palabras muertas y olvidadas que decía que si este señorío; el señorío del señor del penacho purpura, se olvidaba de la ley mixteca, la desgracia caería. Y  la voz de los antiguos volvió a sonar en la boca de la gente nueva y fue así como aquella ley regreso y se manifestó como la costumbre que hoy conocemos y la llamaron «la fiesta de la rotonda de la azucena» y con el tiempo la llamaron “Guelaguetza”

– abuelo y que paso con ese señor del penacho púrpura?
– esa es una historia interesante,  que les contaré en otra ocasión, porque este viejo cuenta cuentos encontró sus tostadas de salchicha roja y va a tener la boca ocupada.

Después del tiempo, de muchos soles y lunas, la ley mixteca no ha cambiado, el fuego del equinoccio se sigue prendiendo, el consejo de nahuales sigue pasando sus “binigulazas” a la sangre nueva y las viejas costumbres siguen conservando la sangre de los dioses entre nosotros, hasta que los que se fueron regresen y traigan la paz otra vez a esta tierra que sigue esperando.

 

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Yo siempre pensé que la historia tenía varias versiones; si piensas al igual que yo que hay más de lo que parece y de lo que se dice; acompáñame y te contare un puñado de historias que me he topado en este loco mundo de la era de la información.
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