El panteón de San Sebastián

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LA IGLESIA DE SAN SEBASTIAN.

El viento impetuoso arrojaba hojas violentamente anunciando que la festividad de los muertos se acercaba.

Era y es por tradición, días de una forzosa visita prematura al panteón a limpiar de hierbas y abrojos las tumbas de los abuelos.

Y ahí íbamos, entrando aquel enigmático lugar que en su interior albergaba una iglesia vieja y roída por el tiempo. Pero que en una muestra de majestuosidad y entereza se erguía orgullosa recordando la fortaleza de la fe de este pueblo de años e historias sin contar; ahí estaban sus arcos adornados con frescos casi muertos, casi desaparecidos de manos de los viejos pobladores de este Xoxocotlán mágico que cuentan historias a los que saben ver.

-abuelo cuéntame…cuéntame de la iglesia, como era cuando estaba completa.

-ja, mira este escuincle insolente, no soy tan viejo como parezco… pero taa bien te contare lo que me contaba mi abuelo, que a su vez le contaba su gente vieja.

En aquella época la gente estaba temerosa pues los fuereños venían por jóvenes xoxeños para trabajar en la construcción de las iglesias de Oaxaca, en aquel entonces en Xoxo no había muchos adultos que defendieran a sus familias, por la misma causa.

Eran tiempos de infortunios, donde los custodios de estas tierras decidieron abandonar estos lugares; pues la gente comenzaba a cambiar de religión.

Entonces llego a Xoxo un padrecito –de buen trato por cierto- que llego a ser muy querido pues cuando se enteraba de estos reclutamientos a la fuerza, escondía a los niños y los jóvenes en su casita, la gente decidió hacer un templo para que el padrecito tuviera más espacio para proteger a sus ahijados.

Cuentan los viejos, que todas las mujeres del pueblo iniciaron una modesta construcción austera. Pero un día en las puertas de la casa de este padre amanecieron tres ollas de barro, uno de tus antepasados mi niño…era su sacristán y ayudante; y esta historia viene de su boca.

Esa mañana corrió a despertar el padre pues pensó que una brujería y maleficio le habían aventado al viejecito.

Imagínate; te levantas con la mañana fresca y al abrir la puerta te encuentras ollas de barro grandes, tapadas con cuero; es para que se le caigan los calzones a cualquiera.

El padre después de aventar agua bendita sobre las ollas misteriosas, le quito el cuero de burro que cubría la boca de las ollas descubriendo algo que le hizo pegar un grito.

Inmediatamente entre su sacristán y el padre metieron apresuradamente las tres ollas al interior de la chocita de adobe y teja

-y que era abuelo?, que tenían esas ollas?

-no seas impaciente y apúrate con esas hiervas mi niño; haciendo y oyendo.

Presuroso de seguir oyendo la historia arrancaba las matas de cadillos con vehemencia emocionado por el relato mientras mi vista se apoderaba de la iglesia erigida a unos metros de distancia, ahora en ruinas.

-pues, si mi niño, así como te lo cuento, me lo contaron, esas ollas traían oro y plata; oro macizo, plata en monedas, mi niño.

El oro sirvió para levantar el templo a la honra de la virgen dolorosa María, para que la virgen protegiera a los niños que eran raptados por los fuereños.

Mis tatas me contaron que solo una olla de oro sirvió para construir el templo que se levantó su en aquella época. Con la fe y la esperanza de proteger al buen pueblo de Xoxo.

-sí, pero el padrecito que hizo con las otras dos ollas gran coyote.

-ja, mira esta insolencia…

Mi abuelo se levantó solemnemente caminando por entre las tumbas y parándose al frente de la entrada, me llamo y señalando un lugar me dijo…

-era costumbre de los viejos que al levantar una casa o hacienda se le pusiera oro o plata en los contrafuertes, una ofrenda para que su dios protegiera la construcción. Y como prueba de humildad el padre escarbo tan hondo como pudo y ahí dejo las ollas restantes, -o porque crees que por más que tiemble no se cae la iglesia- ese es uno de los secretos de Xoxocotlán.

-y si escavamos gran coyote apuesto que las ollas aún siguen ahí?

Una mota de polvo salió de mis cabellos cuando la mano de mi abuelo me sonó un “coco”

-ja, chamaco insolente, no sabes que si sacas el oro, te quedas maldito, tiras el templo y el oro se convertirá en carbón en tus manos, que no recuerdas a tu tío cuando busco el oro del “mogote”.

-cual mogote?

-ja, chamaco so burro, esa historia del mogote te la cuento otro día, ahora pon atención

El padre se murió en esta parroquia y justo aquí yacen sus restos, y le pusieron en su tumba una cruz, una muy grande justo donde la virgen lo miraba siempre.

El tiempo pasó y hubo un día que la tierra se enojó.

– y porque se enoja la tierra abuelo?

Y el segundo coscorrón llego a mi cabeza, se paciente, mi niño…

La tierra se enoja cuando la gente germina la cosa mala que vive dentro de nosotros, cuando la injusticia vive a la casa del vecino y no la lay de Guelaguetza, va ;esa es otra historia que algún día te contare… Mientras pon atención.

En aquel entonces la santa patrona era la santa madre dolorosa, pero cuentan los viejos que un día amaneció temblando, y temblaba a cada rato, las casa de adobe se cuarteaban o se caian, la gente asustada, corrió al templo, todos los santos se cayeron, todas las vírgenes también, y el único santo que quedo en pie era san Sebastián el mártir.

Los viejos lo tomaron y lo llevaron en procesión por todas las calles, y así fue como dejo de temblar a cada rato, desde entonces se convirtió en patrón de este pueblo y de esta iglesia.

-pues hay que sacarlo otra vez? No, e ver si nos hace el milagrito con…

-ya chamaco respondón anda apúrate a deshierbar que la noche cae, el aire pesado, la pena, y Bi´ cu guze el perro negro, buscan a los chamacos insolentes y rezongones como tú…

“Ta gueno, chitón perrito este niño se ve más bonito”…

La iglesia de San Sebastián se considera la primera iglesia católica de estos lugares construida alrededor de 1535, consagrada en 1657 a San Sebastián Mártir; en la entrada principal tiene la inscripción “1684” año de la última restauración. En el arco oriente aún se pueden ver pinturas originales; en los mapas más antiguos de Xoxocotlán a principios de los años 1600, aparece este templo.

Año tras año en cada fiesta de muertos aquella construcción, cada vez más antigua sigue ahí, de pie casi completa, resistiendo los temblores que cada que la tierra se enoja hace, pero también sigue ahí demostrándonos un pasado que casi mudo nos recuerda que este Xoxocotlán tuvo historia; una historia que al que sabe ver le cuenta secretos tan asombrosos como milenarios.

 

 

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Yo siempre pensé que la historia tenía varias versiones; si piensas al igual que yo que hay más de lo que parece y de lo que se dice; acompáñame y te contare un puñado de historias que me he topado en este loco mundo de la era de la información.
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