EL GUERRERO DEL PENACHO COLOR DE CIELO

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De tres días, de tres noches por el camino en subida

De tres días y de tres noches, el arroyo del señor sapo señala.

De seña la piedra azul, la piedra de rio, el corazón de la montaña.

Lisa tu piel, esconde el temple de un guerrero, del último custodio

De oro y jade, el guajolote esconde tus pasos, de agua y luz

Solo el sol y tu señor pueden enseñarte tu encargo y tu honor.

Deja que el pelambre de agua acaricie tu vientre, y en el ombligo

La luna esconde las señas de tus pies, y solo el sol sabrá donde tu dedo apunta.

Baja tres días y tres noches por la boca del tecolote.

Mira el cielo estando debajo y conocerás que solo la inocencia del hombre,

Puede pasar por las manos cerradas, de nuestra madre.

El último señor de los mixtecos-zapotecas nunca muere,

El señor del penacho purpura vigila que la nueva sangre llegue.

Y de nuevo el sol baño este valle tan sagrado como antiguo y como prueba que los dioses nos miraban con benevolencia, las figura un grupo de niños bajaban por el antiguo camino a Monte Albán.

Aquellos niños que regresaban de una excursión escolar prueba inefable que la nueva gente de este viejo pueblo, seguía inmersa por inercia a su pasado; posiblemente sin saber.

De este poderoso y estruendoso contingente el paso acelerado de dos doncellas que mi pupila intoxicada de amor conocía bien…

Abuelo, abuelo…

Gritaban mientras se abalanzaban a mí ya cansada figura haciendo que el bastón con cabeza de coyote bailara ante el peso extra.

-caminemos… pues el camino a casa es largo aun; pero cuéntenme de su aventura.

No sabes viejo lindo, vimos una presa un arroyo y muchas flores, y encontré una piedra azul como el cielo.

Aquellos rostros se encendieron de emoción al mostrarme aquel tesoro.

Hubo un tiempo en que por estos lugares había una piedra así, tan famosa como monumental, pero esa leyenda y esa piedra fue consumida por el olvido.

Cuéntanos abuelo, cuéntanos “ito”

Gritaban en coro, mientras apabullaban la figura de este cuentacuentos, que ante la imposibilidad de negación comencé mi relato.

Esta leyenda comienza donde ustedes comenzaron este día, pero en los tiempos de los antiguos, en esos parajes, en ese arroyo, hubo un día en que la señora del rey de estas tierras, bajo a pedir un favor a los dioses.

Pues su vientre tierno no podía aguantar el niño que crecía en ella.

Era el inicio de la época de lluvias cuando apareció ante su vista una mujer de piel clara como la luna llena, de cabellos negros como la misma noche, caminando sobre el arroyo – la diosa del agua, mis niñas, la mismísima Atl que con voz dulce le dijo:

-He visto el venir del tiempo, de tu tiempo, y ese niño necesita la fortaleza y bendición para lo que viene, así que su corazón será como el cielo, transparente después de una tormenta, sus ojos serán el espejo de su linaje y su cuerpo tendrá la fortaleza del puño. Sus manos serán su escudo y lanza y sus pies serán el viento mismo, pero a cambio de mi favor tendrá que cuidar mi legado pues llegara un tiempo donde la soledad será larga.

Y un penacho de plumas, azul como el cielo apareció…

Y sucedió que ese niño nació tan fuerte como el tronco de un ahuehuete, sus ojos azules no dejaban duda del favor divino – los ojos de ese color no se habían visto en estas tierras, mis niñas- y aquel niño creció sano y fuerte.

Y sucedió así como lo cuento mis niñas, los señores de este reino recibieron un mensaje de los dioses, un mensaje y una orden.

Cada cierto tiempo cuando los dioses observaban que los hombres cedían ante su naturaleza y se volvían enfermedad para ellos mismos, los dioses desataban calamidad, sequia, bestias horribles  con el fin de minar el mal que vive en todos nosotros. Y ese tiempo había llegado y avanzaba con paso firme a la era el final de los señoríos nobles, el término de la era de los penachos grandes.

Las órdenes eran claras y muy duras.

Abandonarían la ciudad sagrada, y marcharían a tierras lejanas, pues los dioses desatarían calamidad, en forma de hombres.

El señor del penacho purpura, el soberano del reino, tenía la responsabilidad; como sus ancestros de preservar la pureza de sangre, la llama del conocimiento y la fuerza de su reino donde la tempestad de los que habitaban el cielo y el inframundo no los tocaran.

-Chispas abuelo, entonces se fueron?

-Si mis niñas ellos se fueron pero, todos los demás nos quedamos, a recibir la prueba que los dioses mandaran.

Los ojos patidifusos de mis dos princesas se abrieron con avidez, mientras mi camisa era tironeada sin cesar

-A ver, a ver si entendí “ito” quienes se fueron y quienes se quedaron y que chingaos tiene que ver con mi piedra azul “ito”

-Paciencia mi dulce niña, un paso a la vez, te prometo que cuando termine mi relato sabrás lo que preguntas.

Solo una comitiva real partió hacia tierras altas, el soberano y su consejo, toda la gente joven se quedó, los nuevos integrantes del consejo los catorce sacerdotes nahuales se quedaron y el príncipe Agua y Cielo, se quedó en el lugar del soberano.

Muchas leyes nuevas corrieron por el reino, el tributo fue suspendido pues todos deberían guardar y compartir víveres y recursos, las fronteras fueron abiertas, ahora ya no serían cuidadas por el ejército del señor del penacho purpura, así que todos deberían cuidarse entre sí, el ejército se desvaneció, todos regresaron a cuidar a sus familias y vecinos, y a esperar a los que se fueron y que un día regresarán.

Y así como se los cuento mi niña la ciudad sagrada fue abandonada y ante el abandono un muro se construyó dentro, la majestuosa y monumental ciudad de los señores antiguos, se volvió una mini ciudad, el señor “Agua y Cielo” gobernó y se encargó de preservar, resguardar su herencia, los escribas y curanderos guardaron en papel, y piedra su saber, un saber que se entregó en el vientre de nuestra madre.

Con el tiempo el reino fue quedando dormido, la ciudad sagrada fue abrazada por la madre tierra, y los guerreros durmieron en su sangre nueva, y sucedió que un día la calamidad llego, y nuestra gente fue probada.

Aquel soberano fue conocido como “el señor del penacho azul, el señor de agua y cielo” hubo un tiempo donde estas tierras se bañaron en sangre, hubo tiempos donde hubo que salir a defender lo nuestro y a los nuestros, cuenta la leyenda que aquel guerrero “el señor del penacho azul” se transforma en una piedra azul de rio, tan grande como especial y que despierta cada vez que hay que defender el linaje que le precede, y es custodio del tesoro de los antiguos, tan silencioso como escondido. Y esa mis niñas es la leyenda de esta piedra…

El corazón de este viejo cuentacuentos daba tumbos ante el majestuoso monolito azul, que mis dos princesas rodeaban una y otra vez…

Aquella piedra azul como el cielo aún sigue en aquel sueño, que los antiguos sueñan y como todos los que sabemos, espera plácidamente a que los que se fueron, regresen y encuentre su reino tan fuerte como poderoso…

Justo como fue su encargo.

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Yo siempre pensé que la historia tenía varias versiones; si piensas al igual que yo que hay más de lo que parece y de lo que se dice; acompáñame y te contare un puñado de historias que me he topado en este loco mundo de la era de la información.
J.S.Pascual (Azeem)

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