El duende de las pozas del “cidorito”, el último ojo de agua.

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Esta historia me la conto el difunto “regulo” en mis duros y no tan lejanos –como la gente cree- años de infancia, en un día de “arto” sol como este día donde la fatiga por caminar por veredas de la montaña sagrada nos hace ansiar la refrescante agua de las pozas del cidorito, parada obligatoria que todo chivero sabe que tiene que hacer. Al llegar al lugar el aire cambia y se puede oler la humedad entre tanto abrojo seco, el camino empeñado y polvoriento, me lleva a un alambrado que mi vista contempla con extrañeza y tristeza – pues hacia mucho que no iba que no tenía noticia de su existencia- trato de no pensar en ello por mucho tiempo para no mal viajarme.

mi vista contempla este pequeño oasis en medio del cerro seco, mis pasos presurosos me llevan a una poza ahora casi desaparecida, maltratada insolentemente por los lugareños – pienso con tristeza- que mal pex.

Siguiendo la inercia de mis recuerdos descalzo los pies y los froto con “hoja larga” para que la frialdad del agua no me haga daño y sin pensar tomo asiento en una peña mientras me refresco con agua tomada de mis manos, el ritual mecánico de mis costumbres me lleva a hacer una posita en la arena junto para filtrar agua y beber; mientras el murmullo del lugar se apodera de mis sentidos , y un ruido extraño que termina en un minichapuson en la poza que me trae esta historia a mi presente, mientras saco de la bolsa de mi pantalón semillas de calabaza.

Pues bien en épocas de los antiguos, hubo una sacerdotisa nacida en lluvia de estrellas, y bendecida por los dioses con una belleza y juventud sin igual. Este personaje era la guardiana de los árboles y manantiales alrededor de la montaña sagrada, una poderosa nahuala, la única nahuala aceptada en el consejo de los mixtecos; era la sacerdotisa del nombre prohibido, admirada por su sabiduría y temida por el poder de la envestidura que portaba, la custodia del primer caracol.

Se enamoró de fiero guerrero y nació un fruto del amor, un fruto que trajo paz a su vida. Con el tiempo los dioses la adoptaron y la llamaron atl, la diosa del agua.

Su vástago heredó el lugar, un hijo que nunca envejece, ahora la cuida las plantas, animales y los ojos de agua de la montaña sagrada.

Ese fue el primer “chaneke”, muchos lo han llamado “el duende”; tiene el corazón de niño y se la pasa haciendo travesuras; te jala los pies y te hace resbalar en el lodo o mueve el viento a tus pies; yo nunca lo he visto pero dicen que tiene la forma de un niño con orejas puntiagudas, que se ríe cuando se oye el silencio, que avienta piedrecillas al agua cuando no lo vez. También dicen que da buena fortuna, que él sabe sanar animales, pues cuando a los perros de casa les daba moquillo, un collar de cobre con limones se les colgaba y se llevaban a tomar agua de la posa. Y que cuando un toro o un chivo se empachaban se debería hacer el mismo ritual solo que el collar era de manzanas verdes decían los viejos.

El viejo “regulo” decía: cuando vayas a la poza del cidorito semillas de calabaza siempre hay que llevar, para mantener ocupado al duende, el primer chaneke, y así podrás cortar los mangos, maduros sin problema.

Amontonadas en una piedra lisa dejo las semillas de calabaza mientras camino por los viejos mángales, que son los que saben con certeza si esta historia es real o es el invento de los viejos para darle el respeto que se merece la naturaleza; pues solo teniéndole respeto no se le hace daño abusando de ella, contaminándola.

Al bajar del mangal con mi agridulce botín noto que las semillas han desaparecido y aparto la vista de la piedra, no quiero saber si fue el viento quien limpio la piedra, o si una ave le da veracidad a esta historia; simplemente me calzo y comienzo a caminar con andar breve.

Mientras mis pasos me adentran a este Xoxocotlán creciente, invasivo y desbordante, donde los fueranos comienzan a convertirse en xoxeños; la figura de aquellos mángales va desapareciendo, mientras muerdo un suculento mango maduro y una carcajada de niño la apaga la lejanía.

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Yo siempre pensé que la historia tenía varias versiones; si piensas al igual que yo que hay más de lo que parece y de lo que se dice; acompáñame y te contare un puñado de historias que me he topado en este loco mundo de la era de la información.
J.S.Pascual (Azeem)

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