El Cerro del Fortín, los Lunes del Cerro y la Guelaguetza

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Recobramos uno de los trabajos más importantes del periodista Guillermo Castillejos Ávila, en el que nos da cuenta de como fue en el pasado –y parte de sus antecedentes– la fiesta mas importante de los oaxaqueños

Fotos: Redes Sociales e Internet

Al cerro del Fortín -escenario de la presentación de la Guelaguetza– se le adoraba por sus propiedades de tener “ojitos de agua” por todos lados, y desde el año mil 400, los zapotecas tenían la costumbre de ascender a este cerro, relata el Cronista de la ciudad de Oaxaca de Juárez, Jorge Bueno Sánchez.

Esa elevación localizada en la parte norte de la capital del Estado—dice el Cronista—tuvo los nombres deCerro de la Buena Vista; Cerro de Ecatepec, posteriormente a la llegada de los españoles;Cerro de Jerusalén, Cerro del Calvario; cuando en la toma de Oaxaca se hizo prisionero a Porfirio Díaz, le llamaronFortín de Zaragoza y finalmente Cerro del Fortín.

Cuando llegan los españoles en el año 1521, fue traída la Virgen del Carmen, cuyas festividades se realizan el 16 de Julio y coinciden con las festividades de Centéotl, reconocida como Diosa de la tierra, de los alimentos y del maíz.

Para entonces se elegía a la Diosa Centeotl, se le subía al cerro, se le bailaba y a los 8 días se le bajaba para ser sacrificada, se le extraía el corazón.

TERMINAN EL RITO

Llegan los españoles y se termina con ese rito, se construyen ermitas y en la festividad  de la Virgen del Carmen, surge la romería y ascensión al cerro, como costumbre oaxaqueña, siendo en el año 1928, siendo Gobernador, Genaro V. Vásquez, cuando se pidió tener un espacio en la rotonda de la azucena.

Se subía al cerro como día de campo, sin faltar el corte en aquellos años de las azucenas, siendo en el año 1932 cuando se ideó realizar el primer homenaje racial con la presentación de grupos diferentes provenientes de diversas regiones del Estado, invitadas a participar en la fiesta de la Gran Señora, “Oaxaca”, que cumplía años de haber sido elevada al rango de ciudad.

Se integró un comité presidido por el Gobernador, Francisco López Cortés, interviniendo además personajes como Alberto Vargas Medina, autor de la Tortolita Cantadora; el periodista, cuyo seudónimo fue Jacobo Dalevuelta y cuyo nombre era el de Fernando Ramírez de Aguilar.

También participó José López Alavez—autor de la Canción Mixteca—y otros jóvenes oaxaqueños, como Luis Castañeda Guzmán, Everardo Ramírez Bohórquez y Alberto Bustamante.

El festival racial consistía en rendir homenaje a la “Gran Señora Oaxaca” y se aprovechó la costumbre de las gentes que venían de los pueblos con sus frutas y bailables; se invitó a las 7 regiones del Estado y comenzó el reparto de frutas que producían y obtenían en las comunidades.

Fueron 3 los grupos que vinieron del Istmo de Tehuantepec, y después se invitó a Tuxtepec, con el propósito que cada pueblo presentara su tradicional traje y lo que ha hecho famosa a esta delegación, cargar las mujeres una piña sobre el hombro, fruto que trajo e introdujo, Mr. Smith, en el año de 1940, según el Cronista de la ciudad de Oaxaca de Juárez.

Fue un éxito notable la presentación de esos grupos y en Noviembre del año 1933, se invitó al Presidente de la República, Abelardo Rodríguez, vino a Oaxaca, se le presentó el mismo festival del año anterior y además se le hicieron 2 propuestas:

La prensa nacional que acompañaba al Presidente quedó impresionada del folclore, música y costumbres, se habló mucho de la fiesta oaxaqueña y por primera ocasión se escuchó el nombre de Guelaguetza, por la espectacularidad y reparto de frutas, que traían las delegaciones asistentes al evento y provenientes de poblaciones del interior del Estado.

Afirma el Cronista que la gente que presenció el espectáculo, quedó extasiada, siendo en el año 1935, cuando se volvió a repetir con motivo de la celebración de los 25 años de la Revolución Mexicana.

Posteriormente se volvió a presentar en el año 1941 en la ciudad de México, por Indios Verdes, y un año después, la Guelaguetza se desarrolla con la introducción de canciones, preferentemente oaxaqueñas, competencias deportivas de atletismo, la ciclista de vueltas al cerro, y se organiza la octava del Lunes del cerro.

Vinieron otras delegaciones, se enriqueció la fiesta, las gradas construidas desde 1932 en la rotonda, para el año de 1935 albergaba a 300 o 400 gentes, después se convirtió en espacio para 2 mil o 3 mil gentes.

SUBÍAN A ALMORZAR

Los niños subían a los árboles a contemplar los bailables; la gente nunca perdió la costumbre de subir al cerro del Fortín, a almorzar, tomando preferentemente el chocolate, el atole, saboreaban las empanadas y otros alimentos con el sello oaxaqueño.

Al medio día descendían del cerro, después de haberse echado—los hombres—sus pulques, tepaches y unos que otros sus mezcales. No tardó en llevar e instalar en el  cerro, las carpas donde se vendía cerveza, surgió una especie de romería y para entonces, mucha gente no iba a ver los bailables, realizaban su paseo de antaño y de toda la vida.

En aquel tiempo, usaban especialmente los varones, un sombrero de paja que al término de la festividad, lo quemaban y, en forma obligada, estrenaban otro sombrero.

Durante todo el año llovía, invariablemente, quienes gustaban de ir al cerro, estrenaban prendas de vestir, buscaban lucir lo mejor en la gran festividad y en el caso de los pantalones, se les mojaban y encogían, porque eran de manta, no sanforizados.

A pregunta si la banda de música del Estado, participaba, la respuesta fue afirmativa, teniendo como director a un maestro de apellido Canseco, e interpretaban piezas musicales que se han ido perdiendo, como una de Fausto García Pujol, La Morena, marcha dedicada a la Diosa Centeotl.

No ha pasado mucho tiempo que se presenta y forma parte de las festividades de los Lunes del cerro, la obra de Martínez Barroso,Donají…la leyenda, mostrada un día anterior al gran espectáculo, el domingo por la noche.

Señala el Cronista, que la primera Guelaguetza, comprendió actividades diversas, tanto culturales como deportivas y sociales; en la actualidad hay representaciones de diferentes regiones que muestran lo mejor que tienen, sus danzas, bailables y su música.

Exhiben sus trajes de gala durante la fiesta y en los últimos años la Guelaguetza se ha ido transformando, buscando 2 cosas—a decir del Cronista—mayor espectáculo y mayor concurrencia para la obtención de  mayores recursos y beneficios para comerciantes y prestadores de servicios al turismo.

El espectáculo comprende la presentación de danzas con su música, que son ágiles, evolutivas como la Danza de la Pluma, Además de los vistosos bailables llenos de gracia y picardía, como los presentados por las delegaciones de Pinotepa y Ejutla.

Hasta hace algunos años—dijo el Cronista—podían entrar 16 mil gentes con la construcción del Auditorio, que lleva el nombre de Guelaguetza; el 80 por ciento de los espectadores son en su mayoría turistas nacionales, son pocos los internacionales.

Trabajo del periodista

Guillermo Castillejos Avila

 

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