El árbol hueco del vado.

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De carne y humo está hecho el hombre

De carne y humo está hecha la vida;

Cuando el humo se cansa, sale por la boca

Cuando el humo florece entra por el ombligo.

La marca del que no es de buena nacencia

En el pecho con punta de espino y raíz de árbol de canica negra;

Será su marca entre los hombres

Y será su marca en el camino

Al reino de los espíritus

Atado en árbol de fresno,

Hasta que el humo de su vida sea blanco.

Solo la mano de los Mixtecas viejos puede ser mano de la ley mixteca.

 

¡Niños ya métanse a sus casas!

Los gritos de mi abuela -que parecía saber el árbol genealógico de todos los presentes- sonaban como cada tarde en aquella esquina de mi barrio. Uno a uno era identificado por aquel megáfono de mandil que empuñaba una vara de granado.

-«chintetes chamacos» ya es muy tarde para que estén jugando, la hora pesada les va a meter un susto, verán.

-Hay añorados e intensos recuerdos de las aventuras de mi niñez.

Los viejos desde siempre cuidaban que los niños no pasaran o jugaran solos de noche en la esquina la de la carretera vieja.

Como todo barrio teníamos y aún tenemos historias; historias de un pasado que ahora mudo, aún existe.

-Híjole abuelo esto se está poniendo bueno.

-Hay Ana, “ito” ni siquiera ha comenzado…

Aquella noche sin energía eléctrica salpicaba un brillante cielo estrellado y era el pretexto perfecto para una fogata en el patio de la casa; humeantes tasas de chocolate llegaban a nuestra reunión olorizando la noche.

-Asi como se los cuento mis niñas hermosas en la esquina de tres cruces con avenida hidalgo había -en mis años de infancia- un árbol hueco y quemado, que en su interior tenía una virgen, a la cual las viejitas del barrio nunca dejaban sin luz y que en noviembre a su alrededor nacían de forma silvestre ramilletes de flores amarillas, flores de fuego.

Cada punta de Xoxocotlán tenía un árbol como este, un árbol robusto de fresno; cuatro en total, uno por cada mojonera del viejo Xoxocotlán.

Este árbol tal parecido a muchos que había visto tenía una historia peculiar…cuentan los viejos que hace mucho tiempo en los principios de los 1900 en esta esquina justo a un lado del camino viejo, exactamente donde se conoce como “el vado” existía un árbol frondoso y de tronco grueso, no muy diferente a los demás fresnos; proporcionaba sombra fresca además de ser punto de reunión de las reuniones de vecinos.

Estos árboles tuvieron la particularidad de ser ejecutor de malhechores; Contaban los viejos Xoxeños que la ley dictada por Porfirio Díaz no daba tregua a bandidos y ladrones; que de ser apresados en el camino real adornarían este árbol con la lengua de fuera…

-Iaggg abuelo como esta eso.

-pues los colgaban del pescuezo verdad “ito”

-Si mis niñas hermosas antes asi era; Xoxo era el paso obligado de comerciantes, de calabazos chilacayotas y de carboneros, pero sobre todo de oro.

-a su mecha “ito”, de oro?

– si mi niña pues los ríos de las tierras donde se hacía carbón era rica en pepitas de oro, mismas que los carboneros ocultaban en los costales de carbón y el camino “Coyotepec” era el escenario ideal para una emboscada de ladrones; asi que en lugar de pasar por ahí, pasaban por el camino real; bajo la vigilancia de topiles de Xoxocotlán; pero aun asi había intentos de asaltos; y cuando agarraban a un ladrón o a varios de ellos los colgaban justo en ese árbol asi mismito lo decía la ley mixteca.

El tiempo paso y aquel viejo y frondoso árbol dejo de ser un lugar de justicia, los niños desde siempre lo conocían como la esquina del “árbol de aretitos”.

– ha por eso ahí penan no abuelo?

– si mi niña hermosa cuentan que a la hora pesada, muchas almas que aún no encuentran descanso aun vagan buscando la salida del pueblo.

– Achis, achis, los mariachis como esta eso abuelo; como que buscan la salida del pueblo?

– Pues veras mi niña; desde tiempos antiguos en Xoxocotlán se siguen las enseñanzas del buen morir, pues desde siempre nosotros asi como los antepasados, creemos que la muerte es cosa seria.

Asi mis niñas nuestros muertos los descalzamos y les amarramos los dedos de los pies con palma; para que puedan recorrer sin ataduras el camino al reino de los espíritus; asi ganaran indulgencias ante el buen dios para que sean liberados de sus culpas.

Los Xoxeños creemos que solo tiene derecho a morir aquel que ha vivido en la vida de los demás, aquel que ha dejado huella en su sangre, en su gente y hasta en sus enemigos.

Cuando la gente se consideraba indigna o ventajosa los colgaban con una marca en el pecho para que al pasar a la otra vida se quedaran en su camino y les diera tiempo de liberarse de sus culpas era un deber de los xoxeños castigar a los xoxeños, para que nadie más los castigara. Amarraban su esencia a un árbol para que se liberara de sus culpas y no las pagara en el mundo de los espíritus.

Por eso en esa esquina cuando el manto de la noche hace que el velo que separa nuestro mundo y el mundo de los espíritus se pueden ver todos aquellos que buscan salir de este camino y tratan de pedir ayuda a los vivos para liberarse.

-hay que “mello” ito…

– no mi niña los espíritus son gente sin cuerpo, no pueden hacer daño, no debes temerle, debes compadecerlos, pues están presos en sus culpas. Y es por eso que una luz, una  veladora nunca faltaba en aquel árbol una luz que alumbrara ese camino tortuoso de almas perdidas.

-pero abuelo ahora ese árbol no está.

– cierto es mi niña hermosa, aquel árbol no está; solo queda en la memoria de los viejos como tu servilleta y en las anécdotas de las personas que tienen un susto en el vado.

De súbito los focos se encendieron y el ruido estridente de una televisión que volvía a la vida nos regresó de improvisto a  nuestro tiempo y a nuestras distracciones de siempre, aquel cielo estrellado fue palidecido por los potentes reflectores que se encendían, recordándonos que la vida sigue, y la nuestra más a prisa que la de antes.

 

Cuentan los viejos que existían cuatro mojoneras en el Xoxocotlán primigenio, y cerca de ellas cuatro arboles de fresno donde se hacía justicia.

El paso del tiempo borro en el olvido las marcas de los antiguos y poco a poco las mojoneras y estos árboles fueron desapareciendo.

Los antiguos xoxeños desde siempre han respetado el proceso del buen morir desde los canticos de muerto que se mezclaron con las enseñanzas católicas, hasta los preparativos de los cuerpos que encaminarían ayudarían al difunto a pasar al otro lado de una buena manera.

A pesar de los tiempos tan cambiantes los Xoxeños aun hacemos lo que siempre hemos hecho; Cuidarnos como siempre nos cuidamos.

J.S.Pascual (Azeem)

J.S.Pascual (Azeem)

Yo siempre pensé que la historia tenía varias versiones; si piensas al igual que yo que hay más de lo que parece y de lo que se dice; acompáñame y te contare un puñado de historias que me he topado en este loco mundo de la era de la información.
J.S.Pascual (Azeem)

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